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La importancia de una buena EQ y cómo utilizarla

Entre la producción y captación del sonido y su masterización o mastering, pasando por la mezcla, muchos arreglos se aplican para llegar al sonido perfecto que está compuesto por una serie de frecuencias concretas que lo hacen único. La EQ (Ecualización) es uno de los procesos con más peso que un técnico de sonido tiene que aplicar al sonido captado en el estudio de grabación. En este artículo os enseñaremos en qué consiste la EQ, qué tipos hay y cuando utilizarlos.

Durante todo el proceso de producción musical, grabación en estudio y posterior mezcla, se hacen miles de arreglos al sonido que pasa por nuestro DAW (Digital Audio Workstation) antes de que esté listo para el mastering. Pero, posiblemente el cambio más significativo de una canción se da cuando hacemos una EQ o ecualización, y os vamos a explicar por qué.

La EQ que hacemos durante la mezcla es un proceso que tiene un peso y una importancia enorme sobre nuestro proyecto, por eso es normal que pasemos mucho tiempo del proceso haciendo la EQ. Y la misma importancia tiene saber cómo llevarla a cabo sin llegar a estropear nuestra mezcla.

En la ecualización se modifica el balance de las distintas frecuencias que conlleva el sonido de manera que el resultado sea distinto, siempre orientado al objetivo que queremos conseguir y asegurándonos de que el sonido es equilibrado y limpio. Dado que el rango de frecuencias que nuestro oído puede percibir está entre los 20Hz y los 20.000Hz, utilizaremos la EQ como una herramienta para modificar las frecuencias de nuestra mezcla dentro de ese rango.

Cada sonido tiene efecto en un espectro de frecuencias dadas, pero a modo general, tendríamos una división de frecuencias bajas (20-300Hz), medias (300-5.000Hz) y altas (5.000-20.000Hz) y podemos enmarcar el sonido de cada instrumento en cada una de ellas. Ahora bien, una misma nota en dos instrumentos diferentes puede sonar en la misma frecuencia, sin embargo, podemos diferenciar a qué instrumento pertenece cada sonido por sus características únicas. Ese conjunto de características es lo que llamamos timbre y es representativo de los sonidos complejos.

Cada sonido que no esté sintetizado con una onda simple, tiene una frecuencia fundamental y unos armónicos, esto quiere decir que su sonido está formado por información procedente de todo un espectro de frecuencias. La frecuencia fundamental es la de volumen más alto y es la que tomamos como la nota de ese sonido, y el resto de frecuencias de las que se compone son los armónicos.

Sabiendo esto ya podemos hacernos una idea de cómo actúa la ecualización y durante todo el proceso no podemos olvidarnos de que un sonido con frecuencias altas también contiene matices del otro extremo del espectro. Esto es muy importante para usar la EQ en su justa medida y aplicar los cambios con fundamento.

Hacer o aplicar una EQ es descrita, muy a menudo, por muchos técnicos de sonido como un proceso de esculpido con el sonido. La razón principal es que durante una EQ no se crean nuevas frecuencias, sino que se moldean las que ya existen. Así que, con la ecualización le daremos forma a nuestro sonido, moviendo las frecuencias entre las que se oscilan los elementos de nuestro sonido grabado y el equilibrio que hay entre ellas. Las posibilidades de la EQ son casi infinitas y conforman una buena mezcla final.

A la hora de hacer una aproximación a la herramienta que es la EQ, existen dos maneras de aplicarla según las necesidades, pero igualmente eficaces en el proceso. Por un lado, la utilizaremos para corregir errores, es decir, ocultar o borrar cualquier fallo o sonido no deseado en nuestra mezcla. Siempre es mejor tomar las precauciones necesarias desde el momento mismo de elegir el micrófono para grabar y la sala donde captarlo, sin embargo, una EQ de corrección ayuda a solucionar los fallos más frecuentes de reverberación, resonancia y silbidos. Con la EQ adecuada y localizando la frecuencia donde se encuentran esos ruidos innecesarios, podemos eliminarlos con precisión. 

Aun así, es conveniente andar con cuidado en el caso de utilizar la EQ para correcciones porque abusar de ella significa que podemos crear más distorsión en los sonidos y llegar a no sonar con naturalidad.

Por otra parte, la otra aplicación de la ecualización es la creativa que nos permite acentuar, mover o alejar cada frecuencia de nuestra mezcla por separado. Así es como podemos hacer que una batería o una guitarra tomen más presencia en ciertas partes de la mezcla, destacando algunos de sus elementos y trayéndolos a un primer plano.

Dentro de estas dos grandes aplicaciones de la EQ, nos encontramos con varios tipos cuyas características son útiles dependiendo de nuestras necesidades, así que conocerlas es fundamental para conseguir una buena aplicación. Las principales diferencias entre ellas, se dan en cómo dividen el espectro de frecuencias y con qué precisión afectan los cambios a ellas. Por otro lado, los valores que se pueden modificar en una EQ son los mismos: la frecuencia o frecuencias que queremos modificar, la ganancia o volumen de la ecualización expresada en dBs (decibelios) y el valor "Q" o ancho de banda que representa la amplitud del efecto de nuestra EQ.

La primera de los tres tipos de ecualización se denomina Shelving (Shelf) y se basa en dos clases de corte o filtros, una para frecuencias altas (High pass o paso alto) y otro para frecuencias bajas (Low pass o paso bajo). Su funcionamiento sería como el de una puerta que deja pasar cierto tipo de frecuencias y otras no.

El filtro de paso alto, establece un umbral de frecuencias y deja pasar únicamente las que están por encima y omite las que están por debajo. Es muy útil para reducir el bajo de muchos sonidos que tienen una fuerte presencia en las frecuencias bajas o ciertas vibraciones provocadas por la sala en la que se graba.

El filtro de paso bajo funciona exactamente igual que el de paso alto, pero a la inversa, dejando pasar las frecuencias por debajo del umbral seleccionado y eliminando las que están por encima. Resulta útil para eliminar los silbidos y siseos de algunos sonidos o crear espacio en las frecuencias altas eliminando las que son innecesarias en sonidos más bajos.

Los usos combinados de estas dos clases de filtros crean una banda de sonidos que omite todo lo que está por encima o por debajo de ella. Esto se denomina filtro de banda y permite atenuar o destacar ciertas frecuencias con más precisión que con los filtros de paso alto o de paso bajo.

La EQ gráfica es el segundo tipo de ecualización y relaciona una serie de controladores o "sliders" con distintas bandas de frecuencias. Normalmente, esta clase de EQ se utiliza para optimizar la mezcla de una sala o un estudio de grabación determinados. En ese caso, se suele recomendar aumentar las frecuencias altas y bajar los bajos cuando grabamos en una sala con tratamiento acústico, y al revés para salas que no están tan preparadas. Sin embargo, la EQ gráfica no es muy útil en la edición de pistas individuales.

El último tipo de ecualización que veremos es la paramétrica que es, quizás, la más utilizada por su uso intuitivo y simple, su versatilidad y su control sobre las frecuencias. Con la EQ paramétrica tenemos control sobre la frecuencia principal, la ganancia y el ancho de banda, simplemente desplazándonos por el espectro de frecuencias y otorgándoles los valores o las curvas que queramos, obtenemos los efectos que queremos lograr. Normalmente, en el eje horizontal modificamos la frecuencia y en el vertical los decibelios del sonido.

En conclusión, estos son los elementos y características básicas de una EQ, esencial en el proceso de producción musical. El resto pasa por la experimentación y el conocimiento de todos los elementos y parámetros que podemos modificar, cuándo hacerlo y en qué medida. Lo que es cierto es que combinándolos conseguiremos una mezcla perfecta para llevar al mastering.